lunes, 16 de junio de 2008

El Tarot y los cuatro elementos

Me agrada pensar en el Tarot como un libro mágico. Y para reflejar el orden y el caos presentes en el universo, su contenido no está sujeto a una secuencia de páginas separadas en diversos capítulos.
Las láminas o barajas, que sí responden a un orden numérico, están separadas en dos grandes grupos llamados misterios mayores y menores.
Dentro del primer grupo aparece la figura del loco, que no está numerada para mantener un porcentaje del caos necesario para que puedan surgir nuevos ordenamientos.
Una de las propiedades sustanciales del loco es su carácter imprevisible y su aparición en una lectura nos obliga a replantear algún aspecto de la situación analizada.
Las barajas son mezcladas y escogidas al azar para disponerlas en una secuencia que sigue los parámetros elegidos por quien realiza la lectura. Algunas se referirán al pasado, otras al presente y otras más al futuro probable de los hechos que se analizan.
Constituido así, cada vez que se realiza una tirada, las láminas aparecerán en diferentes posiciones y podrán ser leídas según la secuencia específica que se haya formado (Un libro que cuenta una historia diferente con cada lectura.)
El caos contenido dentro de un orden, sería entonces el primer aspecto a considerar en la estructura y utilización del Tarot como intento de reflejar al universo en permanente cambio.
Establecido así un comienzo, lo segundo es descubrir como aparecen en las barajas los elementos constitutivos de la naturaleza material.
Aristóteles, sostenía que el proceso de división de algo material era infinito, que la materia es continua. Que el espacio está completamente lleno de sustancia (éter) y, por consiguiente, que el vacío no existe.
Demócrito, postulaba que al dividir un cuerpo material se podría obtener una porción mínima de materia que ya no sería divisible. A esta partícula la llamó átomo (palabra que en griego significa precisamente “no divisible”) Afirmaba que “lo único que existe son los átomos y el vacío”.
Los antiguos llegaron a la conclusión de que todos los cuerpos están compuestos por sólo cuatro constituyentes elementales: fuego, tierra, agua y aire. Y las distintas sustancias que existen se diferencian según la proporción en que está presente cada elemento.
Existe un paralelismo entre los cuatro elementos y las formas en que la materia puede presentarse: Fuego > Energía, Tierra> Sólido, Agua> Liquido, Aire > Gaseoso.
En el Tarot, los palos simbolizan los elementos que se combinan para dar forma al universo material: los bastos - el fuego, los oros -la tierra, las copas - el agua y las espadas - el aire.
Los bastos representan a la madera que se quema para alimentar el fuego y son sinónimo de energía.
Los Oros se refieren a uno de los elementos más nobles que se extraen de la tierra y son sinónimo de concreciones.
Las copas se utilizan para contener líquidos, por lo tanto representan el agua y se vinculan con las emociones.
Las espadas se blanden en el aire y son herramientas de confrontación. Simbolizan la actividad mental, la comunicación a través de la actividad consciente y más o menos racional.
Materia y energía se transforman permanentemente y ese es el juego que percibimos en todo lo que nos rodea.
Hasta la Próxima

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