martes, 2 de diciembre de 2008

Ellos

Como peces en una pecera de proporciones inconmensurables. Vamos de aquí para allá, sobre una partícula que gira en un espiral formado por millones. Y aún pretendemos volar, liberarnos de la fuerza gravitatoria que nos mantiene aferrados a la partícula. Abarcar los espacios a los que no pueden llegar nuestros sentidos pero si nuestra “poderosa” tecnología. Nacida de nuestra soberbia y nuestra ignorancia. Para ellos… no somos más que simpáticos y presuntuosos monos arrojando palos al aire.
Solamente intuir su presencia, vislumbrar su sombra, sentir que la piel se eriza, una corriente eléctrica que recorre tu cuerpo y un profundo escalofrío que no cesa.
Tus piernas no pueden sostenerte, caes de rodillas y tu cabeza se inclina, como si una mano de hierro te obligara a la sumisión. Solo queda algo tuyo en algún lugar de tu mente y entonces, lo único que puedes hacer es rezar.
¿Qué artilugio podremos inventar?, ¿qué arma poderosa?, ¿Cuál será la fórmula mágica? Nada vale…
En lo más primitivo de nuestro ser, donde se hallan inscriptas las claves que nos transformaron en lo que somos. En el mismo instante del hálito que nos dio la vida, fueron grabados los límites de nuestra existencia y más allá están ellos…
Dioses, demonios, ángeles, espíritus superiores, visitantes de otras dimensiones. Cualquier nombre que queramos inventar, es solo el producto de nuestra fantasía para explicar lo imposible.
Mientras tanto, seguiremos inventando máquinas, observando el cielo, calculando distancias y velocidades, intentando escuchar sus mensajes, explorando el cosmos, buscando sus huellas. Nada vale… solo la certeza de seguir vivos. Solo su voluntad de no destruir nuestras frágiles vidas.