jueves, 19 de junio de 2008

Sobre el conflicto

La Tierra es un lugar maravilloso que nosotros convertimos en infierno.
Somos la contradicción y la paradoja. Anhelamos he idealizamos la paz, pero practicamos la violencia. Soñamos con paraísos naturales y desbastamos el planeta.
Nuestra filosofía nos conecta con los ángeles y nuestra conducta con los más instintivos animales. Si algo está prohibido nos atrae con mayor intensidad. (siempre habrá alguien que se pregunte: ¿porqué yo no he de hacerlo?)
Proclamamos la necesidad y aspiración a vivir en armonía con el universo. Sin embargo, éste nos muestra un continuo y permanente cambio, tan continuo y permanente como el instante. Ilusión de un presente que no es, porque todo lo percibido es pasado. Pero nosotros nos aferramos, queremos ser siempre jóvenes, saludables, pletóricos. Si somos ricos queremos ser más ricos, si somos poderosos queremos más poder, queremos estar siempre vivos y tememos a la muerte porque nos muestra un cambio extremo. Serpientes que entran en pánico porque una de ellas está cambiando la piel. Siempre aferrándonos a lo externo, avanzamos hacia la comida predigerida y la información superficial. ¿Porqué asombrarse que en un país corporativista se produzca semejante enfrentamiento?, cuando la perspectiva hacia futuro muestra una cotización de los alimentos semejante a la del petróleo. Como vamos a pensar como nación cuando fuimos educados en la búsqueda del interés personal o sectorial, sin importar a que costo. Por que asombrarse de que en el país de la patria financiera, que hizo sus negocios con militares y civiles, que ideo la tablita y la plata dulce de Martinez de Hoz, que acompañó a Alfonsín con sus australes y mesas de dinero. Que se enseñoreo con nuestro ficticio ingreso al primer mundo de los 90’, que instaló el corralito y dejó a la mayoría golpeando la puerta de los bancos mientras el presidente fugaba en helicóptero, va a ser algo diferente con el nuevo paradigma económico (llámese soja y oleaginosas en general)
Tal vez sea distinta la forma en que nos muestren el buzón. Las batallas, en esta época, se presentan más en el terreno de las finanzas y la comunicación que el los cuarteles.Pero aunque el disfraz sea diferente, la intención de estafarnos es la misma

lunes, 16 de junio de 2008

El Tarot y los cuatro elementos

Me agrada pensar en el Tarot como un libro mágico. Y para reflejar el orden y el caos presentes en el universo, su contenido no está sujeto a una secuencia de páginas separadas en diversos capítulos.
Las láminas o barajas, que sí responden a un orden numérico, están separadas en dos grandes grupos llamados misterios mayores y menores.
Dentro del primer grupo aparece la figura del loco, que no está numerada para mantener un porcentaje del caos necesario para que puedan surgir nuevos ordenamientos.
Una de las propiedades sustanciales del loco es su carácter imprevisible y su aparición en una lectura nos obliga a replantear algún aspecto de la situación analizada.
Las barajas son mezcladas y escogidas al azar para disponerlas en una secuencia que sigue los parámetros elegidos por quien realiza la lectura. Algunas se referirán al pasado, otras al presente y otras más al futuro probable de los hechos que se analizan.
Constituido así, cada vez que se realiza una tirada, las láminas aparecerán en diferentes posiciones y podrán ser leídas según la secuencia específica que se haya formado (Un libro que cuenta una historia diferente con cada lectura.)
El caos contenido dentro de un orden, sería entonces el primer aspecto a considerar en la estructura y utilización del Tarot como intento de reflejar al universo en permanente cambio.
Establecido así un comienzo, lo segundo es descubrir como aparecen en las barajas los elementos constitutivos de la naturaleza material.
Aristóteles, sostenía que el proceso de división de algo material era infinito, que la materia es continua. Que el espacio está completamente lleno de sustancia (éter) y, por consiguiente, que el vacío no existe.
Demócrito, postulaba que al dividir un cuerpo material se podría obtener una porción mínima de materia que ya no sería divisible. A esta partícula la llamó átomo (palabra que en griego significa precisamente “no divisible”) Afirmaba que “lo único que existe son los átomos y el vacío”.
Los antiguos llegaron a la conclusión de que todos los cuerpos están compuestos por sólo cuatro constituyentes elementales: fuego, tierra, agua y aire. Y las distintas sustancias que existen se diferencian según la proporción en que está presente cada elemento.
Existe un paralelismo entre los cuatro elementos y las formas en que la materia puede presentarse: Fuego > Energía, Tierra> Sólido, Agua> Liquido, Aire > Gaseoso.
En el Tarot, los palos simbolizan los elementos que se combinan para dar forma al universo material: los bastos - el fuego, los oros -la tierra, las copas - el agua y las espadas - el aire.
Los bastos representan a la madera que se quema para alimentar el fuego y son sinónimo de energía.
Los Oros se refieren a uno de los elementos más nobles que se extraen de la tierra y son sinónimo de concreciones.
Las copas se utilizan para contener líquidos, por lo tanto representan el agua y se vinculan con las emociones.
Las espadas se blanden en el aire y son herramientas de confrontación. Simbolizan la actividad mental, la comunicación a través de la actividad consciente y más o menos racional.
Materia y energía se transforman permanentemente y ese es el juego que percibimos en todo lo que nos rodea.
Hasta la Próxima

viernes, 13 de junio de 2008

Los límites del Tarot

Si fuera cierto que el Tarot es una parte o el mismísimo Libro de Toth, deberíamos ser prudentes a la hora de juzgar a estas barajas solo como una herramienta más o menos efectiva para predecir el futuro.
Si aceptamos este supuesto, el camino nos lleva al antiguo Egipto. ¿Quién era este dios?, que aquellos hombres representaban con cabeza de ibis, el ave sagrada del Nilo, a causa de su enorme sabiduría.
En 1881 se descubrieron los restos de Ramsés II, faraón que vivió durante el siglo XIII antes de Cristo.
Khaunas se llamaba el hijo de este faraón guerrero y con el tiempo ocupó el trono, que su padre se había encargado de asegurar eliminando a los enemigos internos y la amenaza hitita.
Existen registros que señalan que Kaunas ordenó destruir un libro que consideraba muy peligroso.
La misteriosa obra, había sido escrita por un personaje legendario. Y según la crónica de la época, el libro contenía terribles secretos. Su lectura concedía poderes sobre las cosas de la tierra, del cielo y del mar. Además, revelaba una receta para resucitar a los difuntos y para controlar desde la distancia a las personas. Quien leyera este libro sabría mirar al sol cara a cara, así como comprender el lenguaje de los animales.
Aparentemente, lograron salvarse algunos fragmentos de este libro que pertenecía a una época antigua. A un esplendor egipcio que ya no existía cuando el faraón ordenó su destrucción.
El misterioso personaje que había llegado del oeste (¿Atlántida?) y deslumbrado con su sabiduría a los fundadores de la nación, se había convertido en el dios Toth.
Luego llegaron los griegos y lo adoptaron con el nombre de Hermes Trismegisto (tres veces grande), supuesto fundador de la alquimia además de auténtico sabio, según la filosofía esotérica.
Si el Tarot es un fragmento de aquel maravilloso libro, ¿Cuál es le límite para su utilización? Algunas personas me han preguntado si al Tarot se le puede preguntar cualquier cosa. Y yo estoy convencido que la respuesta es afirmativa. Con una salvedad, depende de la capacidad de quien lo utilice, tanto para hacer las preguntas adecuadas como para interpretar las respuestas de manera correcta.
Se me ocurre como ejemplo, un buscador de Internet, navega por el ciberespacio en procura de las páginas donde aparezca la palabra señalada como clave.
El Tarot activaría, por medio de una combinación de figuras cargadas de poderosos simbolismos, el espacio virtual donde nuestra mente más profunda se conecta con el inconsciente colectivo.
También el idioma que emplea este misterioso sistema difiere del utilizado en nuestros ordenadores. Ya que se dirige a la mente emocional y no racional del consultante.
“Solo así se pueden superar los límites del espacio y el tiempo”

Hasta la próxima