miércoles, 24 de octubre de 2007

Si solo pudiésemos aceptarlo

Todos somos tontos. Si así no fuese habríamos nacido en otro plano de existencia. Seríamos ángeles o semidioses, o como quieran llamarlo pero no seríamos humanos.
Piensen cuantas veces nuestra conducta no es la que más conviene a nuestros intereses. Cuantas veces hablamos lo que deberíamos callar, cuantas veces nos extralimitamos en nuestra conducta, cuantas veces nos ponemos en situación de riesgo sin otra razón que la desidia o el gusto por las emociones fuertes.
Creo que se le atribuye a Einstein el haber dicho que dos cosas eran infinitas: el Universo y la estupidez humana (y sobre el primero tenía sus dudas)
Si solo pudiésemos aceptarlo… Pero no, somos arrogantes, si notamos que, en algún aspecto de nuestra vida, somos un poco más astutos que el resto, pensamos que somos menos tontos que los otros y con esto aumentamos la estupidez general.
Si solo pudiésemos aceptarlo, si reconociésemos nuestras limitaciones, si no nos creyésemos tan diferentes al resto de los 6000 millones que pueblan nuestro planeta. Entonces, tal vez, comenzaríamos a mirar a nuestro alrededor y sentiríamos compasión. Pero no una compasión de pesadumbre, parecida a la lástima. Sino una parecida al amor. Sentirse camarada del otro cuando ha cometido los errores. Recordar lo nuestro para ver en el otro a un igual y tal vez entonces nos podríamos saludar como los Mayas diciendo: “Yo soy otro tu” y escuchar que el otro nos devuelve el saludo con la misma frase.

martes, 23 de octubre de 2007

¿Partes de un plan?

¿Las cosas acontecen por casualidad o causalidad?, esta pregunta siempre ha desvelado al hombre, porque desentrañar este misterio equivaldría a echar un vistazo a la esencia misma del Universo.
Casualidad o causalidad ha sido motivo de discusión casi permanente entre filósofos, teólogos y físicos. Una es la antítesis de la otra. Son conceptos irreconciliables que, de una manera u otra, rigen nuestra vida y nuestros actos. ¿Por qué nos pasa lo que nos pasa?
El azar, es una de las cuestiones sobre las que no se ha podido construir una evaluación científica de carácter universal. ¿Existe realmente el azar?
Todo está predestinado: lo que tiene que ser, será, y no se puede escapar al destino, arguyen unos. Las cosas ocurren por azar, es el único Dios que nos gobierna, aseguran otros.
Sin embargo, ni unos ni otros dan respuesta concluyente a ciertas dudas: ¿Por qué ocurre que, por ejemplo, alguien piensa en una persona a la que hace mucho tiempo que no ve y ese mismo día recibe una llamada de ella? ¿O que el colectivo, que a último momento decidió no tomar, minutos más tarde sufrió un accidente de tránsito? Intuición, aviso de ángeles que nos protegen o simple coincidencia.
Este tema ha sido tratado por físicos, astrónomos, y hasta por quienes no son científicos. ¿Si existe el azar, habrá alguna forma de ponerlo de nuestro lado?, o somos pequeñísimos barquitos navegando el océano del universo, completamente indefensos, esperando la tempestad.
Tal vez sea así, pero cuando estalla el relámpago, cuando todo se ilumina en un destello de conciencia, cuando superamos las barreras temporales y la intuición es como un ángel que nos habla al oído. Entonces, nos sentimos “parte de un plan”. Nos decimos que tal vez, todo está escrito por el lápiz del “Supremo Hacedor” pero si me dio la posibilidad de sospechar su presencia, si anhelo lo eterno siendo finito, tal vez estoy llamado a descubrir los secretos de lo aparente y entonces el azar perderá su condición de indomable.

miércoles, 17 de octubre de 2007

El ojo de la cerradura
En la actualidad, científicos de primer nivel hablan de la posibilidad cierta de que nuestro universo contenga dimensiones imperceptibles para nuestra naturaleza humana. Nosotros nos movemos en tres dimensiones y una cuarta considerando el tiempo, pero parece que el universo es algo más que eso. Nosotros le damos categoría de real a lo que podemos dimensionar y comprobar con nuestros sentidos, pero parece que los mismos no son suficientes para captar la realidad de un universo multidimensional. No obstante, tenemos la posibilidad de adquirir conocimiento. Podemos descubrir nuevas y antiguas realidades. Hemos llegado a una etapa del conocimiento en que tantas cosas que dábamos por seguras comprobaron ser relativas, que lo más aceptable para no caer en la necedad de la ignorancia, es mantener una mente abierta, una actitud expectante y desprejuiciada frente a lo nuevo (que a veces no lo es tanto)
Tal vez en esas otras dimensiones o universos paralelos existan conciencias despiertas. Tal vez, seres tan extraños como los que aparecen en imágenes mitológicas. ¿Porqué no? ¿Acaso vamos a negar esa posibilidad con el mismo énfasis de quien afirmaba, en otros tiempos, que era imposible que algo más pesado que el aire volara?
Y aquellos magos de la antigüedad, aquellos astrólogos persas o mayas, o muchos de los que frecuentaban las cortes en la Edad Media europea y los que realizaban sus prodigios en el mundo musulmán. ¿Muchos de ellos no habrían encontrado la forma de ingresar a esos universos paralelos? Por ahora sigamos espiando por el ojo de la cerradura. Tal ves algún día, tal ves sin que lo perciba inmediatamente, se abrirá la puerta he ingresará al mundo mágico.

“Cuando todos los hijos del mundo acuerden de forma unánime anular y erradicar de su interior el deseo de recibir para sí mismos, y no tengan otro deseo más que otorgar a sus amigos, todas las preocupaciones y los daños serán abolidos de la tierra, y cada uno tendrá asegurada una vida plena y saludable; ya que cada uno de nosotros tendrá un mundo entero para cuidar de él y de sus necesidades”.

Rabí Yehuda Ashlag (Baal HaSulam)
Introducción al Libro del Zohar

viernes, 5 de octubre de 2007

subjetividades

“Esperando al Sol” ¿cuántas imágenes puede evocar esta frase?
En que profundidades de la conciencia colectiva yace el temor a que alguna vez el astro no renazca. Corazones arrancados latiendo todavía, en holocausto a los dioses por temor a sus designios.
Esperando al Sol puede ser también el mejor de los momentos, cuando comprendimos y confiamos en que el universo se manifiesta en ciclos. Todo es un permanente proceso, un aparecer y desaparecer. Una sucesión de imágenes que se extienden en forma de espiral hacia el infinito, generando la ilusión del tiempo. Todo vuelve a suceder, todo es semejante, nada idéntico. Si lo fuera, el espiral se convertiría en círculo y no podría prosperar.
El Sol volverá a salir y volverá a desaparecer como lo ha hecho desde el comienzo, aunque nunca será idéntico a si mismo. Porque el Sol también es un proceso que sufre modificaciones, que indican el transcurrir de un ciclo. El sol algún día será otra cosa, por eso no puede ser idéntico en cada instante.
Sin embargo el Sol aparece y desaparece ante nuestra percepción. Sabemos que podemos esperarlo confiados. Cuando estamos en la noche o cuando la luz comienza e encender el horizonte, sabemos que él aparecerá.
Nada dura para siempre, pero depende de la carga emocional y el valor que queramos otorgarle a cada instante.