domingo, 30 de agosto de 2009

La Buena Fortuna, Azar o Destino

Durante mucho tiempo se ha debatido sobre el destino del hombre. Algunos afirman que "todo está escrito" mientras otros esgrimen a la voluntad como formadora del destino individual. Esta discusión no podrá resolver el problema. Porque ambas partes tienen razón, aunque sean afirmaciones contradictorias.
Debemos aclarar a que se refieren los términos: destino, fortuna (mala o buena) y azar, para comprender como se complementan construyendo el escenario donde se representa la vida de los hombres.
Destino es el camino que recorrerá la persona y está determinado, principalmente, por la herencia biológica, cultural y económica.
El destino y la fortuna tienen que ver con las condiciones y circunstancias específicas de nuestras vidas. Si una persona nace en una familia adinerada podemos pensar que eso le hace acreedor de un nivel de vida afortunado y con buenas expectativas para su futuro. Por otra parte, si la persona nace en un medio empobrecido podemos pensar que tendrá una vida con muchas privaciones y su futuro no está garantizado. El mismo ejemplo puede darse con personas que nacen con deficiencias físicas o psíquicas (mala fortuna) O, por el contrario, aquellos dotados de una gran inteligencia o un físico privilegiado (o ambas cosas) En definitiva, la mala o buena fortuna integran el destino. Aunque, a veces, los factores condicionantes, del medio ambiente o del propio individuo, son alterados por obra de un factor aleatorio al que llamamos: "Azar o Suerte".
En el universo todo está relacionado. Desde las estrellas más lejanas hasta el átomo, todo responde a un mismo esquema que rebela la Inteligencia Divina subyacente.
Así, el átomo gira en forma de espiral, nuestra galaxia tiene la misma forma, los aros que se visualizan al cortar el tronco de un árbol, el ADN y las grandes tormentas captadas desde los satélites. Todo gira, impulsado por fuerzas gravitacionales, en una danza cósmica hacia la eternidad.
Por otro lado, la física ha descubierto que existe una forma similar de impulsar la creación constante y lo llamó: Fractal

“Un fractal es un objeto geométrico cuya estructura básica se repite en diferentes escalas”

Ese impulso a la repetición del mismo esquema básico en diferentes escalas es lo que permite que, por ejemplo, aunque todos los rostros posean los mismos elementos constitutivos (frente, cejas, ojos, nariz, labios, orejas) no existan dos rostros idénticos.
El mundo no sigue estrictamente el modelo del reloj, previsible y determinado, sino que tiene aspectos caóticos. Los procesos de la realidad dependen de un enorme conjunto de circunstancias inciertas, que determinan por ejemplo que cualquier pequeña variación en un punto del planeta, genere en los próximos días o semanas un efecto considerable en el otro extremo de la tierra.
A esto se lo llama "efecto mariposa" y se sostiene en la idea de que: dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes. Se utiliza como ejemplo la imagen de alguien que suelta, varias veces, una pelota en la línea que separa dos planos inclinados opuestos. Pequeñas desviaciones en la posición inicial pueden hacer que la pelota caiga por uno u otro de los lados, conduciendo a trayectorias de caída y posiciones de reposo final completamente diferentes.
Ese factor caótico, necesario para que la creación se multiplique en variaciones infinitas, es lo que llamamos suerte o Azar. La mala o la buena suerte no es igual a la mala o la buena fortuna. Porque esta última integra el destino en su aspecto previsible, mientras que la suerte es lo inesperado, lo imprevisto, cuyos orígenes no pueden ser descifrados.
Lo que si podemos asegurar es que la buena suerte nos puede colocar en una situación de buena fortuna, y como también sabemos que pequeñas variaciones pueden provocar cambios considerables, no es desechable la idea de provocar los mismos, intentando que la buena suerte se haga presente en nuestras vidas. Esta actitud individual para provocar cambios favorables depende de la voluntad.
Existen dos rasgos opuestos pero complementarios en los creadores de la buena suerte: una gran curiosidad y apertura por un lado, y una perseverancia obsesiva por el otro.
Tampoco podemos olvidar la importancia del conocimiento, para orientar la perseverancia hacia el objetivo propuesto.
A través del conocimiento, la ideas se hace proyecto y el mismo puede transformarse en logro.
El peor enemigo del éxito es ir a la deriva. El que conoce a dónde se dirige, crece en energía, mientras el que no lo sabe, se dispersa.
Cuando Alicia, en el País de las Maravillas, le preguntó al gato qué camino tomar, éste le respondió:

- "Depende ¿a dónde quieres ir?".

- Ella le dijo: "Me da lo mismo".

- Y el gato concluyó: "Entonces, es indiferente el camino que elijas".

martes, 11 de agosto de 2009

El territorio del Nagual

En ocasiones, puedo ser consciente del divagar de mi mente; Pensamientos que fluyen en una u otra dirección, como corrientes que subyacen a la aparente calma de la superficie.
Luego de despedirme de Matías, caminé en dirección al parque. Llegué hasta el borde mismo de la avenida que me separaba de él. Pero, cuando estaba a punto de cruzarla, cambié de idea. Miré las veredas soleadas que se extendían hasta una esquina lejana y orienté mis pasos hacia ella.
A mi derecha, se levantaba un complejo de edificios cuya construcción, de más de 30 años, no era lujosa pero se mantenía en muy buenas condiciones. Sus entradas se encontraban precedidas por amplios jardines y senderos que comunicaban la vereda con los grupos edilicios.
Al pasar por una de las entradas, tomé por el sendero y comencé a pasear por los jardines. Recordé que en uno de los departamentos del complejo, había vivido la que fue mi primera novia y si bien tuve dudas porque han pasado más años de los que yo quisiera, creí reconocer la entrada al edificio 27 – B.
Me quedé observando ese número durante unos segundos y continué mi camino.
Como dije no estaba muy seguro pero, por alguna razón, ese número me había provocado una reacción inusual.
Soy tarotista y no pude dejar de reflexionar sobre el significado que los Arcanos de la baraja le dan a esas cifras. El dos es “la sacerdotisa”, el siete es “el carro” y la letra “B”, es la segunda letra del abecedario, por lo tanto vuelve a manifestarse el Arcano número dos.
Además, la suma de todas las cifras (2+7+2= 11), según el mismo sistema de análisis, es “la fuerza”
Al unir el significado de estos tres Arcanos, se manifiesta un fuerte potencial de sensibilidad e intuición movilizado por el dinamismo del carro y que podría anunciar el comienzo de una nueva etapa vital.
Si esto tuviera algún significado para mi, pensé, una mirada al pasado, me estaba impulsando hacia nuevos caminos... en el futuro.
Debo confesar que también se me ocurrió que podría intentar probar suerte en la lotería y, mientras continuaba con mi caminata, comencé a elaborar una serie de fórmulas que combinaran el dos, el siete y el once.
Al hacer el cálculo del dinero que debía invertir para que la jugada valiera la pena y que significara una mejora sustancial de mis finanzas, sentí temor, ya que el dinero del que disponía no me permitía arriesgarme al fracaso.
Observé el temor que esta disyuntiva me provocaba y recordé las palabras de Krisnhamurti, que muestran al miedo como un producto del pensamiento: “el recuerdo de un pasado que nos ha causado dolor, nos lleva a imaginar que esas condiciones se repetirán”.
Según el maestro, es necesario comprender plenamente esta cuestión, contemplarla desapasionadamente, sin involucrarse, como simples observadores.
Mientras analizaba estas observaciones, creí descubrir su significado más profundo —el pensamiento es realmente una herramienta poderosa, un arma formidable, porque es capaz de generar realidades— el pensamiento produce las condiciones de dolor y, luego, a través del recuerdo, se genera el miedo que nos empuja nuevamente al dolor.
Continuaba con mis cavilaciones, paseando por las veredas soleadas y mis ojos, se detuvieron en una palabra que alguien había escrito sobre una pared blanca que se alzaba a mi derecha: “Nagual”, recordé que ese era un sinónimo de Chamán o Brujo y cuando iba a retomar mis pensamientos sobre los significados del Tarot, pasó frente a mi, caminando en sentido contrario, un hombre cuyos rasgos manifestaban el aspecto de alguien que padecía alguna alteración mental. Me asombró su saludo y luego de devolverlo, al levantar mis ojos, vi la figura de otro hombre, cercano a la distante esquina, que me observaba, parado, con sus pierna abiertas y las manos en la cintura.
Cuando avancé un poco más hacia él se alejó doblando hacia su derecha desapareciendo de mi vista.
Prendí un cigarrillo mientras pensaba: “Si será poderoso el pensamiento que, sin que pudieras advertirlo, te hizo penetrar en el territorio del Nagual”… y entonces comencé a reír.