En la antigua Persia, magia era el arte que practicaba la clase sacerdotal y estaba relacionada con el conocimiento y la elevación espiritual que alcanzaban los iniciados y no con algún pacto con las fuerzas oscuras.
El conocimiento permite utilizar medios naturales para lograr efectos que parecen sobrenaturales a los ojos del ignorante y ese concepto persiste cuando nos referimos a la magia blanca.
Desde tiempos inmemoriales, los habitantes de Europa, desarrollaron sistemas de creencias que combinaban el conocimiento natural con la idea de un mundo espiritual habitado por seres de diversas categorías. De tal manera sabían los efectos que podían producir determinadas sustancias he invocaban en su ayuda a los espíritus afines con el objetivo buscado.
Durante mucho tiempo estas personas fueron valoradas de importancia para mantener la salud física, psíquica y espiritual de la comunidad, sin embargo, los cambios históricos produjeron nuevas relaciones de poder y estas personas perdieron el prestigio que había sustentado sus antecesoras, pasando a ser llamadas brujas o brujos.
Atribuirle a una persona la realización de un pacto con el demonio, para justificar los resultados asombrosos de sus actos, es propio de la ignorancia y la superstición que fueron fomentadas por el poder de la iglesia durante los años oscuros de la Edad Media europea. Pero debemos ser justos y decir que no fue un acto exclusivo de las emergentes naciones europeas. En todas las épocas se persiguió a aquellos que, por sus conocimientos, llegaron a constituirse en un peligro potencial para los poderes establecidos. Las diferencias, religiosas, políticas o raciales siempre fueron una buena excusa para aplicar la violencia y en la actualidad todavía se siguen utilizando. Ya los brujos no son considerados un peligro. En el mejor de los casos, se los acepta como grupo que puede mantenerse en la sociedad bajo la protección de las leyes que favorecen la libertad religiosa y condenan cualquier tipo de discriminación.
Muchas prácticas que en otro momento hubieran justificado la persecución y la muerte, hoy son vistas como supersticiones e, incluso, se reconoce la existencia de personas especialmente dotadas que pueden producir fenómenos excepcionales. Muchas de ellas son estudiadas en laboratorios parasicológicos con la intención de desentrañar los misterios de dichas facultades asombrosas.
La clarividencia, la telepatía, la radiestesia, la premonición, la precognición y todos los fenómenos incluidos bajo el término “Percepción extra-sensorial” son materia de estudio para los científicos y herramientas utilizadas con naturalidad por personas que pueden entrar en la categoría de los que, en otros tiempos, eran llamados brujos.
En la actualidad, muchos de los viejos valores morales han perdido su poder y aparecen nuevos estilos en las relaciones sociales.
Con el peligro que implica, el desarrollo de nuevas tecnologías, la polarización económica y la exclusión social, los brujos comienzan a vivir un nuevo amanecer. En los sectores sociales más desprotegidos, en muchísimas ocasiones, son ellos los que aportan el buen concejo para conservar la salud entendida de manera integral. Apuntalando la labor de los médicos abnegados que disponen de recursos limitados para intentar dar respuestas a legiones de necesitados.
Por otro lado, también entre los grupos más acomodados de la sociedad, los brujos brindan sus servicios, especialmente cuando las terapias y medios convencionales no pueden llenar el vacío existencial que, todos, tarde o temprano debemos enfrentar.
No importa cual sea el monto de la cuenta bancaria o los viajes que se puedan realizar a través del mundo. No importan la ropa, las joyas, la casa o el coche, el hombre sufre por que habita un medio hostil. El nacer conlleva la vejez, la enfermedad y la muerte. Mientras tanto, la esperanza se refleja en un objeto del deseo, llámese un amor, una profesión o un logro cualquiera. Pero muchas veces la esperanza se convierte en un sueño irrealizable y deviene en frustración.
La frustración es un desequilibrio psicológico que, si no se supera en un tiempo prudencial, puede opacar la luz del espíritu y enfermar al cuerpo físico. En tal caso, el brujo tiene que estar preparado para fortalecer la esperanza, utilizando herramientas que, en otros tiempos se llamarían prácticas oscuras y hoy son consideradas terapias alternativas.
A través de un ritual o de un sortilegio, se puede ayudar a quien está atravesando uno de esos momentos en los que la vida parece no estar disponible.
En muchas oportunidades, la pérdida de una pareja, un trabajo, o la salud, pone a quien lo padece en un estado de indefensión y su espíritu necesita que alguien le alcance una cuera para salir del oscuro pozo en el que se encuentra.
Ese es el lugar que deben ocupar los brujos del nuevo amanecer, listos para tender una mano. Sabemos que no es así en todos los casos, que muchos aprovechan la debilidad ajena para satisfacer sus propias apetencias y vanidades. Sin embargo, la maldad destruye a quien la ejerce socavando sus cimientos morales y aunque no se note de manera inmediata, tarde o temprano, el derrumbe será inevitable.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)