Nací en la capital, recibí mucho afecto y una buena educación que llegó hasta el nivel terciario. He sido testigo de muchas experiencias que le sucedieron al país en el que fui creciendo y también de aquellas personales que fueron delineando mi personalidad.
Viví muy buenos momentos de alegrías y triunfos, de sueños materializados y compartidos. También estuvieron los otros, aquellos que me golpearon el orgullo y dieron por tierra con mis anhelos. Aquellos que me llenaron de impotencia y dolor. Los seres que se fueron dejando la nostalgia de su presencia. Conocí el amor y la soledad, la risa y las lágrimas, la alegría y el dolor, el valor y el miedo.
Pero hay algo que siempre me acompañó: la curiosidad por comprenderme y comprender al universo que me rodea.
Al enterarme de que el petiso había pasado a jugar para Chacarita sentí una tristeza muy profunda. Aunque no hace mucho perdí a otros colegas, en el caso de Norman, el Sapo o mario Sánchez se trataba de hombres de más edad, y no es que uno lo hubiese estado esperando, sólo que el factor sorpresa no multiplicó el impacto de la noticia. además, la prudencia y el silencio -que impidió el regodeo de basuras como Rial o Polino- nos mantuvo a ciegas hasta que sucedió lo -para nosotros- inesperado. En fin, uno más con el que podría encontrarme si el yo no se disolviese para siempre. Un tipo con el que me encontré muchísimas veces y al que jamás vi enojado, o gritando, o en una actitud reprochable para con otra persona. Su sonrisa permanente me va a acompañar, sospecho, por mucho tiempo. Tal vez hasta que yo también, finalmente, entregue el rosquete. Chau, Jorge. Volveremos a vernos, o no. En todo caso, espero que las risas vuelvan a escribirse con s antes de combertirce en triztesa. Una broma para paliar el dolor.
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Al enterarme de que el petiso había pasado a jugar para Chacarita sentí una tristeza muy profunda. Aunque no hace mucho perdí a otros colegas, en el caso de Norman, el Sapo o mario Sánchez se trataba de hombres de más edad, y no es que uno lo hubiese estado esperando, sólo que el factor sorpresa no multiplicó el impacto de la noticia. además, la prudencia y el silencio -que impidió el regodeo de basuras como Rial o Polino- nos mantuvo a ciegas hasta que sucedió lo -para nosotros- inesperado.
En fin, uno más con el que podría encontrarme si el yo no se disolviese para siempre. Un tipo con el que me encontré muchísimas veces y al que jamás vi enojado, o gritando, o en una actitud reprochable para con otra persona. Su sonrisa permanente me va a acompañar, sospecho, por mucho tiempo.
Tal vez hasta que yo también, finalmente, entregue el rosquete.
Chau, Jorge. Volveremos a vernos, o no. En todo caso, espero que las risas vuelvan a escribirse con s antes de combertirce en triztesa.
Una broma para paliar el dolor.
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