jueves, 27 de marzo de 2008

Mediocridad y egoísmo, buenas noticias para el Infierno

En cierta oportunidad, un diablo se presentó ante el Demonio que ocupaba su trono en el infierno. – Señor, señor, expresó con preocupación. – ¡Un hombre se ha convertido en santo!
El Demonio permaneció inmutable, mirando el rojizo horizonte de su vasto imperio.
¿Acaso no le preocupa?, dijo el diablo y repitió la nefasta noticia.
– ¡Un hombre se ha convertido en santo!
Sin apartar su mirada de aquel punto espacio temporal que solo él conocía, el Demonio dijo: -¿cuál es el temor que te embarga?. Si es cierto lo que dices, aquel hombre tendrá sus seguidores. “Y de ellos tendremos nuestra cosecha”.
La mediocridad es el alimento de los demonios. Y ellos no necesitan negociar para ponerse de acuerdo, ni hacen paro dejando sin alimentos a los más débiles habitantes del infierno. La humanidad se encarga de abastecerlos hasta el hartazgo.
Ayer acompañé a mi señora que debía someterse a un análisis bastante incómodo. El mismo fue realizado por su médica personal y un joven convocado por ella, que manipulaba un ecógrafo.
La doctora introdujo una aguja en el cuello de mi mujer hasta alcanzar un nódulo del que debía extraer material para analizarlo. Esta operación se repitió cuatro veces (dos en cada uno de los nódulos que pretendía analizar) guiándose por las indicaciones del ecógrafo.
La operación resultó exitosa y duró unos 20 minutos. No fue demasiado cruenta, dejándole a la paciente una molestia en el cuello que cedería con las horas y la ingesta de un analgésico.
La doctora estaba muy conforme con la rapidez, precisión y el resultado total de la operación realizada. En el diálogo que mantuvimos posteriormente nos expresó su conformidad con la tarea del joven médico que manejaba el ecógrafo. Por sus dichos, el aparato era muy sofisticado y el hombre un excelente profesional.
Nos contó también, que además de su profesionalidad, el joven médico manifestaba una gran generosidad. Guiado por este sentimiento, había llevado su sofisticado aparato al hospital donde realizaba sus guardias y lo utilizaba en el sector de obstetricia. Allí las pacientes tuvieron la posibilidad de utilizar este servicio, de manera totalmente gratuita, hasta que una denuncia por utilizar un aparato que no pertenecía al hospital (¿…?) y presiones de todo tipo hicieron que el joven médico desistiera de su tarea.
Mientras escribo esta nota, escucho la nota que un periodista le hace a una mujer cuyo marido murió a consecuencia del corte de ruta que realizan los productores agropecuarios (ruta 8 – Córdoba) El hombre no pudo pasar, debía ser atendido con urgencia de un infarto y estuvo cuatro horas dando vueltas hasta llegar al hospital, donde nada pudieron hacer. No tenían hijos, una mujer sola gritando a la injusticia. Oídos sordos y un periodista que intenta rescatar algunos detalles de lo sucedido. La cosecha está cerca, todos quieren ganar, pronto llegarán a un acuerdo. Todos estaremos conformes porque podremos conseguir alimentos. Y del hombre fallecido nadie se acordará, solo una mujer que grita a la injusticia. ¿Qué problema puede tener el Demonio para abastecer de humanos los hornos del Infierno?

1 comentario:

Tuqui dijo...

La idea de que nadie recordará al pobre tipo nos golpea porque viviremos para ser testigos de ese olvido. Pero lo que sucederá con él no difiere mucho de lo que pasará con todos nosotros y con todas las cosas. Es sólo cuestión de tiempo: dentro de cien años nadie sabrá siquiera que alguna vez existimos. La mujer, pobrecita, padecerá la soledad de su dolor, y su grito de injusticia no será oído por nadie porque a nadie le importa un muerto en semejante quilombo. Triste, pero real. Los que no tenemos la dicha de confiar a ciegas en una existencia posterior nos dolemos más aún que el resto ante tragedias de este tipo, porque si no hay otra vuelta, si no existe el karma, si el Universo es tan físicamente impersonal y exento de espíritu como parece, la única solución sería el napalm. Contra el campo, contra la Casa de Gobierno, contra el Congreso.
Cuando el mandato de esta bruja termine -y su patrimonio, otra vez, se haya quintuplicado- otra lacra volverá a ocupar el sillón de Rivadavia. Su propio esposo, seguramente, o el camaleón Fernández, o el recaudador De Vido. Y así iremos empeorando hasta que la muerte nos libere, con la tranquilidad de saber que no cortamos el paso de nadie ni fuimos como pelotudos a golpear las cacerolas y a ser golpeados por los matones del aluvión zoológico.
Triste circunstancia la de haber nacido. Pero, ya que estamos acá, sólo podemos tratar de modificar nuestro entorno, aunque sea mínimamente, tratando de rescatar virtudes condenadas a desaparecer. Porque, querido amigo, ya no me caben dudas de que el ser humano es una mierda y tiene que ser borrado de la faz de la Tierra.