martes, 5 de febrero de 2008

Réquiem

El tiempo pasa y la muerte afina la puntería con los que caminan más lento.
Me imagino como esos muñequitos de feria que hay que voltear con una pelota o un rifle de aire comprimido y si acertas te ganas algún muñeco de peluche. Ya se produjeron algunas bajas a mi alrededor: Alfonso, Ariel, Alberto, José, Roberto, Basilio…
Y no quiero hacer la lista más larga, mi memoria seguro lo lograría. Hay que seguir con las alienantes actividades diarias y preocuparse como si fuéramos eternos… Pero la feria abre todos los días y la muerte no se cansa de ganar muñequitos.
Bueno chicos… después de este hermoso cuentito a dormir y que sueñen con los angelitos.

Perdónenme la depresión pero la muerte de Basilio es la de alguien que marcó muchas etapas lindas de mi pasado y algo del mismo se va con él. Por lo que pude saber su muerte fue rápida e indolora, por lo que hay que suponer que algo de bueno habrá hecho el ladino. Realmente deseo que, en el otro lado, encuentre lo mejor y se que tal vez nos volvamos a ver.

2 comentarios:

serpnorber dijo...

Desde que nacemos, lo único verdadero es que en algún momento, moriremos. Digo yo: La vida no será una mentira y él otro mundo lo verdadero? Porqué deprimirse. Porqué no estar alegres por cada día que vivimos y nos acerca más a ese encuentro impostergable. Una vez imaginé un cuento donde todo volvía hacia atrás. Entonces en una película hipotética se veía a un montón de gente de luto y llorando, yendo a buscar un féretro de un cementerio. Ese ataud era llevado a la casa del finado y con una gran reunión donde se tomaba cafés y se hacían chistes; era sacado el finado, donde revivía. Lo llevaban a terapia intensiva y recobraba la salud. Lo llevaban convaleciente hasta su casa. Y día a día iba mejorando y rejuveneciéndo. Pasaba por todas las etapas pero hacia atrás. Hasta que con alegría llegaba a ser un bebé diminuto donde un grupo de médicos obstetras introducían con muchísimo dolor al bebé en el vientre de su madre, que gritaba y lloraba a más no poder.

Anónimo dijo...

Maravillosa comparación la de los muñequitos en la feria, no parece deprimente como no lo es ninguno de los hechos naturales. Cincido con Serp, hay que disfrutar al máximo, porque lo único horrible de la muerte es que te llegue sin haber vivido intensamente cada instante. Creo que en nuestro caso (el de los 3) la cercanía cada vez mayor de nuestra vuelta al polvo provoca, más que nada, curiosidad y expectación.
Igual, muéranse ustedes primero, yo voy después porque ahora estoy ocupado.