jueves, 27 de septiembre de 2007

Donde estoy y como llegue hasta acá

Algunas veces he realizado el siguiente ejercicio: hice un alto en lo que estaba haciendo, miré a mi alrededor, pensé en que lugar estaba parado y como había llegado hasta ahí.
Por lugar, me refiero no solo al aspecto espacial, sino también, al temporal. ¿Qué etapa de mi vida estaba transitando? ¿Cuantas metas había alcanzado y cuales creía que podría alcanzar?.
Al tratar de descubrir el “como” había llegado al lugar en que me encontraba, no solo, observé la sucesión de hechos cronológicos, sino también intenté prestar atención a los sucesos, aparentemente, casuales que me habían ubicado en determinada senda. Personas o acontecimientos imprevistos que marcaron un rumbo para mi vida.
Descubrí que la mayoría de los hechos importantes, llegaron a mi sin que me lo hubiera propuesto. De pronto un día había conocido a alguien o me había sucedido algo y a partir de ese momento un encadenamiento de sucesos, que finalmente habían determinado un cambio trascendente en mi vida. sin embargo, hasta el momento anterior a aquel inicial yo no sabía que eso pasaría.
Es un viaje interesante, si no lo ha hecho, practíquelo alguna vez y tal vez se asombre con las implicancias que puedan tener aquellas cosas que descubra durante el mismo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Dónde estoy y còmo llegué hasta acá? Es lo que me preguntaba y descubrimos que tenía Alzehimer.

UN LIBRO AL RESCATE dijo...

Me gusta ese humor, muchas veces me ha pasado imaginar situaciones partiendo de ciertos presupuestos que al exagerarlos terminan dando un resultado diferente al esperado. Por ejemplo, un amigo está convencido de que, al no existir lo casual, cuando suceden hechos no previstos, debemos seguir las señales porque, seguramente nos están guiando hacia algo bueno. He insiste en que la mayoría de la gente deja pasar las mejores oportunidades, simplemente por no seguir “las señales”
Su insistencia en este argumento me llevó a imaginar una situación en la que yo viajaba en un tren por la provincia de Buenos Aires, que inesperadamente el mismo quedaba varado en una estación por desperfectos mecánicos. Siguiendo el presupuesto planteado por mi amigo, yo debía interpretar eso como una señal y bajar del tren saliendo de la estación para caminar por los alrededores, buscando una nueva señal que me indicara como seguir.
Para no hacerla más larga, un grupo de jóvenes a los que había seguido, interpretando algunos de sus gestos como señales, terminaban dándome una paliza y robando mi dinero. En fin… no son todas las señales las que hay que seguir y no siempre que uno se pregunte donde está y como llegó hasta un determinado lugar es por que tiene Alzehimer, Esta aclaración creo que potencia más a tu comentario inteligente, que combina con excelencia el humor y la ironía. Ahora debo terminar esto que empecé no se como ni cuando y hacer un esfuerzo para recordar cual era la medicación que debía tomar.

serpnorber dijo...

Ja ja ja ja Muy bueno!! El buen HUMOR, siempre nos RESCATA, de esa seriedad que nos han impuesto, que debemos tener cuando somos adultos. Un abrazo, amigo! :)