sábado, 29 de noviembre de 2008

El ritual

Compré los elementos necesarios para el ritual. Desde hacía un mes, estaba notando una sucesión de hechos que, individualmente, parecían inofensivos o simples casualidades. Contratiempos que podían superarse sin demasiado esfuerzo. Sin embargo, en la sucesión de los mismos se notaba lo extraño. Algo que subyace tras una apariencia inofensiva, como una serpiente escondida bajo unos escombros.
Una declinación en la actividad comercial (la crisis nos afecta a todos), falta de entusiasmo (tal vez un momento de bajón), pequeñas molestias en el organismo (ya no tengo 20 años), un encuentro importante que se posterga indefinidamente (tal vez no será el momento), pensamientos que aparecen involuntariamente y te deprimen (la mente, a veces, parece ingobernable) El tren que no llega y el autobús que se descompone dejándote a mitad de camino.
De pronto suena una alarma interna, algo está pasando…
Cerca de la media noche, la mujer encendió el cigarro y le dio varias bocanadas, arrojando el humo sobre mi cuerpo desnudo. Luego tomó los otros elementos pasándolos, también, sobre mi cuerpo. Mientras tanto, miré las estrellas y recé con devoción, pidiendo que me fuera otorgada la fuerza para soportar lo que me correspondiera por destino y se me liberase de lo que me hubieran enviado. Que el veneno volviera a su fuente y se me permitiera seguir con mi camino.
Luego me fui a dormir, aislado y sin quitar por completo los restos de aquellos elementos que me habían pasado por el cuerpo durante el ritual.
Estaba en una selva, acompañado por una mujer desconocida, aunque la llamaba madre. De pronto, fuimos asaltados por un grupo de hombres extraños, vestidos con pantalones, raídos, que llegaban hasta sus rodillas, camisas de colores gastados y algunos con sombreros de paja.
Nos capturaron y nos llevaron hasta un claro del bosque. Algunos se quedaron con migo y me hicieron sentar, mostrándose amistosos, mientras encendían un fuego, riendo y hablando entre ellos.
Luego de un tiempo, nos levantamos y me llevaron hasta un lado del claro. Pude ver que a mi acompañante la habían enterrado dejando su cabeza a ras del suelo. Me asusté y les pregunté que estaban haciendo. Me contestaron que ella no era quien yo pensaba, que lo que sucedería era necesario. No entendí sus palabras hasta que, horrorizado, observé que golpeaban la tierra y una enorme cantidad de hormigas, como una ola oscura, se levantaba de la tierra y cubría la cabeza de aquella mujer deshaciéndola.
Aparté mi vista y de pronto, estaba con la mujer que me había hecho el ritual. Piloteaba una avioneta, aunque no se como hacerlo. Sin embargo, sabía que la máquina estaba fallando y debía acuatizar para evitar el desastre. Tomé los comandos y los traje hacia mí con toda mi fuerza. La avioneta levantó su trompa y acuatizamos sin inconvenientes. Aparecimos en una isla y fuimos recibidos por otro grupo de hombres parecidos a los que me habían capturado.
Nos llevaron hasta una aldea, entramos en una choza y nos dieron de comer y beber. Rieron con nosotros y compartimos una charla amistosa. De pronto, un grupo de militares llegó a la aldea y comenzaron a revisarla. Observé que nuestros anfitriones asumían una actitud temerosa. Algunos uniformados se pararon frente a la puerta de la choza y uno de ellos entró de manera impetuosa. Les habló a los que me acompañaban, ignorando mi presencia y la de mi compañera. Aunque les dirigió palabras rudas, lo hizo en un tono alto para que escucharan los que esperaban tras la puerta. Mientras tanto esbozó una sonrisa y guiñó un ojo. Comprendí que él también era de aquella aldea. Respiré tranquilo…
Cuando desperté, me sentí liberado, más vital y con gran entusiasmo. Esa mañana sonó, varias veces, el teléfono. Muchos con los que me comuniqué, me explicaron diferentes razones por las que no habían podido hacerlo en el ultimo mes.

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